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“Amar es desear el bien del otro” SANTO TOMAS DE AQUINO

La necesidad de sentirnos amados es una de las principales necesidades de los seres humanos. Estaremos todos de acuerdo en que todos tenemos necesidades emocionales que tenemos que cubrir si queremos tener cierta estabilidad. Entre esas necesidades emocionales ninguna es más básica que la del amor y el afecto, así como la de sentir que tiene un lugar en el mundo, para amar y ser amado. Esta necesidad de amor nos acompaña a lo largo de nuestra vida.

Los seres humanos nos necesitamos los unos a los otros, necesitamos recibir y dar amor. El amor es el vehículo que hace que todo sea posible. No estamos hechos para estar solos. Nuestro celebro posee una parte vital especializada en depender los unos de los otros. A esa parte se la conoce como el celebro de los mamíferos y es en la que se encuentran nuestras emociones primarias. Que seamos sociales y amorosos no lo hemos elegido libremente sino que lo ha elegido la propia naturaleza.

La experiencia del enamoramiento por regla general está llena de euforia. Cuando nos enamoramos podríamos decir que construimos el mayor de nuestros autoengaños. Es esa fase maniaca donde nos obsesionamos con la persona amada. Nos solemos levantar y acostar pensando en el otro. Cuando nos levantamos esa persona es el primer pensamiento; cuando nos acostamos también, y a veces incluso cuando dormimos, también está en nuestros sueños. Se nos pone cara de tontos cuando nos cogemos de la mano, queremos pasar todo el tiempo que sea posible juntos. Somos incapaces de ver los defectos ajenos y aunque nos los muestren no nos importa. Si pensamos en el futuro, este se nos aparece perfecto y nos imaginamos que estaremos juntos toda la vida. Siempre tendremos los maravillosos sentimientos que tenemos ahora. Nosotros nunca nos aburriremos y nunca dejaremos de amarnos.

Pero desgraciadamente al cabo de unos dos años este maravilloso estado de enamoramiento suele convertirse en una desilusión funcional. Todos bajaremos de las nubes y tendremos que poner los pies en el suelo. De repente nuestros ojos se abren y podemos ver los defectos en la otra persona. Sin saber bien cómo, algunos de sus comportamientos nos empiezan a parecer insoportables. Pasamos de estar ciegos a ver demasiado. Las cosas que antes pasábamos por alto, estando enamorados, pueden transformarse en obstáculos insalvables.

¿A dónde fue a parar el enamoramiento? No fue más que una ilusión que ahora se ha convertido en desilusión. Pensábamos que podríamos vencer todos los problemas que nos surgieran al paso pero no fue así. Fallamos al no tener en cuenta la realidad de la naturaleza humana. Cometemos el inmenso error de creer que la otra persona siente lo mismo que nosotros, que nos ama como la amamos y que nunca haría algo que nos lastimara. La euforia de la experiencia del enamoramiento es una pura ilusión. Somos todos egoístas, y ninguno somos altruistas por completo.

Algunas parejas creen que el final de la experiencia del enamoramiento significa que solo tienen dos opciones: resignarse a vivir una relación desdichada y sin amor, o abandonar el barco y buscar una relación nueva. En los tiempos que vivimos se ha optado mayoritariamente por esta segunda opción, mientras que las generaciones anteriores optaron por la primera.

Ahora bien, existe una tercera y mejor alternativa. Esta consiste en reconocer que el enamoramiento fue una gran emoción pasajera y que una vez pasado podemos luchar por un amor maduro. El amor maduro une razón y emoción. Involucra un acto de voluntad y requiere disciplina. Aquí nuestra necesidad emocional más básica no es enamorarnos, sino ser amados de verdad por el otro, conocer un amor que brota de la razón y la decisión, no del instinto. En esta fase necesitamos que la otra parte nos vea dignos de ser amados.

Esta clase de amor requiere esfuerzo y disciplina. Es la decisión de emplear la energía en un esfuerzo para beneficiar a la otra persona: la satisfacción de haber amado con sinceridad al otro. Una vez que volvemos al mundo real, si decidimos ser bondadosos y generosos, eso es amor verdadero.

Cuando el embalse emocional del amor de tu pareja esté lleno, el amor será mucho más emocionante que todo el apasionamiento que hubiéramos sentido antes.

Para mantener lleno este embalse necesitamos utilizar los lenguajes del amor. Los lenguajes del amor son el combustible que necesita el depósito. Cinco partes que componen el amor maduro y sereno. Son las cinco claves para construir de manera sencilla y sin dificultad un amor sosegado. Son cinco formas estratégicas para cambiarnos y modelarnos sin que encontremos resistencias en ese terreno tan pantanoso como son las relaciones humanas. Cinco caminos para guiarnos y guiar a quien necesitemos ayudar.

 

“Encontraras, al mirar atrás en la vida, que los momentos que destacan por encima de todos los demás son los momentos en que has hecho cosas movido por un espíritu de amor”. HENRY DRUMMOND

 

 

Francesc Calahorro Gelabert